La incorrecta forma en que son tratados los adultos mayores alrededor del mundo adquirió mayor visibilidad durante el lapso actual de la pandemia por el coronavirus.
A esa conclusión arribó el presidente de la Asociación Gerontológica Argentina, AGA, Félix Eduardo Nallim, durante la conferencia online que ofreció el Centro de Investigación y Vinculación Económica de la Universidad Nacional de Cuyo de Mendoza.
El médico gerontólogo, quien además preside la Caja de Previsión para Profesionales de la Salud Mendoza, hizo hincapié en «que es inaudito la forma en que son tratados los viejos en Argentina considerándolos como sinónimo de enfermos». Nallim no solo habló del flagelo social del cual son objeto «los viejos» ante la pandemia. También resaltó la conducta generalizada que viene siendo llevada a cabo a través del tiempo por circunstancias ajenas al coronavirus y menoscaban y «desprecian» a los adultos mayores.
«La pandemia ha puesto en evidencia los graves prejuicios acerca del concepto de viejismo perdiéndose el valor que tienen los adultos mayores para una sociedad civilizada», afirmó Nallim. Y acotó: «Entonces se encuentran conductas tremendamente discriminatorias como la ocurrida en CABA cuando se les prohibió salir de sus casas. O tenían que pedir permiso para salir de sus casas».
Amplió que «hablar de población de riesgo no habilita a nadie hablar de población enferma. Porque se puede ser viejo y estar muy sano», dijo.
Otro de los problemas que observó Nallim «es cuando se discrimina a los mayores de 70 años, por ejemplo, al momento de emitir el sufragio. Lo mismo ocurre cuando se trata de cubrir un puesto de trabajo y se ponen condiciones de edad para los postulantes», se quejó.
«Un viejo es una persona que tiene todas las edades, porque pasó por todas», valoró Nallim.
Citando lo que en gran parte del mundo se ha reflexionado respecto a «que el mayor problema de la pandemia son los viejos». Resaltó que «se ha dicho hasta el cansancio que el mayor problema a resolver es separar a los adultos mayores de los jóvenes». Y que el problema es que detrás de estas medidas para muchos «es que los viejos ya vivieron sus vidas y que es momento de que den un paso al costado. ¿Para qué sirven los viejos? es una frase que hemos escuchado más de una vez».
Analizando el espectro de contagios aclaró que «entre los 20 y los 59 años son quienes transmiten en su mayoría el virus de la actual pandemia de la COVID-19. Y la mayor cantidad de fallecimientos por la enfermedad se produce en los adultos mayores», apuntó.
«Centrar el problema en los viejos ha llevado a que los jóvenes se sientan inmunes al coronavirus. Por eso es que se dice también que la COVID es la enfermedad de los viejos, porque los viejos se mueres solos», enfatizó.
Además el mendocino Nallim resaltó que «se han visto otras medidas desafortunadas y que tienen que ver con el racionamiento de las atenciones médicas. Como ocurrió en países como en Italia o España. Cuando plantearon usar o no un respirador pensando entre quienes tenían más esperanza de vida. Esta responsabilidad puesta en un médico es un error. Porque el dilema debería estar centrado en la responsabilidad de una sociedad».

Esperanza de vida de los viejos
Los argumentos Félix Nallim iniciaron al citar lo que dice a la Organización Mundial de la Salud. «Define a una sociedad envejecida cuando su población tiene un siete por ciento de personas de 65 años y más. Y habla de naciones envejecidas cuando ese porcentaje supera el 14 por ciento. Y Argentina pasa de ser una sociedad envejecida a una nación envejecida«, explicó.
Pero, según Nallim, hay que tener en cuenta la esperanza de vida. «Y se define la esperanza de vida al nacer como el promedio de años que vive una determinada población nacida en el mismo año. Y acá la diferencia está en que la esperanza de vida siempre se toma en las mujeres. Porque ellas viven entre ocho y 10 años más que los varones».
«La OMS dice que cuando el porcentaje de adultos mayores supera un siete por ciento estamos ante una población envejecida. Este proceso de envejecimiento se produce porque cae la curva de natalidad y se retrasa la mortalidad de su población. El grupo que más crece en esa consideración son los que tienen 80 años o más. En 2020 una de cada ocho personas tiene 60 años de edad. Y se calcula que una de cada cinco tenga esa edad. Esto trae aparejado un problema para los países que están envejeciendo porque no están preparados para contener a sus adultos mayores», analizó.
Recordó que «según el último censo en la República Argentina hay ocho mujeres cada dos hombres, lo cual marca la diferencia que existe actualmente entre la esperanza de vida entre uno y otro género».
La conferencia Pandemia y Adultos Mayores de Félix Nallim formó parte del ciclo de presentaciones online que viene organizando el Centro de Investigación y Vinculación Económica de la UNCuyo y que coordina el economista local Alejandro Trapé.



